Ya es de día y Marco se despierta poco a poco. Mira el
reloj, es tarde, ha dormido demasiado. Normal, después del viaje necesitaba
descansar. Mientras se estira en la cama escucha un ruido en la cocina. Piensa
que no será nada hasta que lo oye de nuevo. Entonces varios pensamientos pasan
por su mente. Quizá sea Ali, que ha ido a despertarle. Pero eso no puede ser, a
pesar de ser tarde ella aún estaría durmiendo. La conoce demasiado bien para
ello. ¿Un ladrón? No. Por esa zona no había robos, y menos a esas horas.
¿Entonces? ¿Qué podía ser? En ese momento se abre la puerta de su habitación y,
para su sorpresa, aparece Guilia. Eso si que no se lo esperaba. Ella está
sonriente, abre la persiana y se sienta en la cama, como si nada hubiera
pasado. Él la mira, extrañado, sin entender muy bien lo que quiere. Tras un
rato mirándose, es ella la que comienza a hablar.
-¿No te alegras de verme aquí?
-Depende. ¿Qué haces aquí?
Ella comienza a hablar, rápidamente, sin pensar mucho las
palabras. Ya las tenía ensayadas.
-Te he echado de menos. Mucho. Y no sé por qué esto se
acabó. No sé por qué me fui. Supongo que me puse celosa de esa niñata pero vaya
tontería, ¿no? Porque tú me quieres, sé que tú me quieres y me necesitas así
que, ¿por qué no lo olvidamos todo?
-Ali no es ninguna niñata.
Eso es todo lo que él es capaz de decir antes de que ella se
abalance sobre él y comience a besarle. No sabe cómo pararla, nunca ha tenido
que hacerlo. Así que con el sentimiento de culpa y Ali en mente simplemente se
deja hacer.
Alex está enfadada, muy enfadada. Las que decían ser sus
mejores amigas no la hacían ni puto caso mientras un millón de cosas pasaban
por su mente. Cosas que no le podía contar a nadie más que a ellas. Pero ellas
no aparecían por ninguna parte. Y mientras, Alex se había despertado en casa de
vete tú a saber quién en ropa interior. Al mirar hacia el lado solo veía un
tío. Pero no recordaba su edad, su nombre o cómo había acabado en su cama. Así
que coge su jersey del suelo y se lo pone, intentando no despertar al tío del
otro lado de la cama. De puntillas sale de la habitación y se dirige a lo que
intuye que puede ser el baño. Pero al entrar, para su sorpresa, no está vacío.
-¿Ella?
-¡Alex! Joder, no sabía dónde estaba ni que había pasado, me
he despertado al lado de un tío y…
-¿Tú también? Vaya dos… Anda, vámonos de aquí, te invito a
desayunar.
Y así se van las dos a cualquier sitio que no sea ese, a
desayunar mientras no dejan de reír e intentar recordar todo lo que sucedió la
noche anterior.
Ali se despierta con una sonrisa en los labios. El viaje
había salido mejor de lo que podría haber imaginado, era como un sueño. Decide
ir a verle para hablar de ese beso. O para besarle de nuevo, eso ya se vería.
Pero primero desayuna, se ducha, se viste, se maquilla. Su madre la observa,
hacía mucho tiempo que no la veía tan feliz. Llevaba todo el tiempo bailando,
cantando y con la música a tope. No preguntaría, simplemente le gustaba ver así
a su niña pequeña. Finalmente Ali está lista así que se despide con un beso de
su madre y sale por la puerta, menos niña y más mujer.
El camino a casa de Marco se le hace corto, y largo al mismo
tiempo. ¿Qué se supone que va a decirle? ¿Y si a él realmente no le gusta? Pero
tiene que gustarle, sino no la habría besado, no habrían tonteado, no hubiera
pasado todo lo que había sucedido en ese viaje. No puede dejarse llevar por sus
miedos, no le llevarían a nada. Así que respira hondo, muy hondo, mientras sube
las escaleras ya que la puerta del portal estaba abierta. Y encuentra el valor
suficiente para llamar al timbre. Pero lo que le espera detrás de esa puerta es
muy diferente a lo que ella se imagina.
Ann se despierta como un día más, pero no es un día más.
Anoche todo cambió. Anoche ella cambió. Anoche su novio le había dicho que esa
relación no podía seguir. Anoche todo su mundo había cambiado. Necesitaba algo.
Necesitaba a alguien. No, las necesitaba a ellas. Ali no estaba, se había ido a
Londres y no había dado ninguna pista de a qué hora volvía. Alex. Eso era. Allí
tenía que ir, una simple llamada no bastaba. Sudadera, vaqueros y al coche. Y
conduce sin pensar, se sabe el camino de memoria. El portal está abierto así
que sube sin llamar, pero al abrir la puerta no le recibe su amiga.
-Oh, Dar, ¿está tu hermana?
Alex tenía un hermano un año más pequeño. Se llamaba Darío
pero desde siempre todo el mundo le había llamado Dar, no sabía muy bien por
qué.
-Eh, pues no, solo estoy yo. Lo siento.
-¿Sabes dónde puedo encontrarla?
-Ni idea, anoche no pasó por casa. ¿Quieres pasar y
esperarla dentro?
-Claro, eso podría estar bien…
Y tras un par de horas y unas cuantas cervezas los dos se
están riendo de aquella vez en que Dar manchó toda la ropa de Alex de nata
montada por una rabieta, de las vacaciones que pasaron sus familias juntas en
Grecia e incluso de lo estúpido que ha
sido Riccardo. Esperando a una Alex que ambos sabían que no iba a aparecer hasta
dentro de mucho tiempo.
Guilia abre la puerta mientras Marco se ducha. Al ver a Ali
los celos vuelven a reconcomerla, pero esta vez es ella la que domina la
situación.
-Ali, ¿qué haces aquí?
-Venía a ver a Marco… Pero, ¿qué haces tú aquí?
-Bueno, a lo mejor lo habías olvidado, pero yo vivo aquí…
-…Pero te habías ido.
-Pues he vuelto. ¿Qué pensabas? ¿Qué ahora Marco se
enamoraría de ti? A él le gustan las mujeres, no las niñitas de mamá.
-Yo...
Todo el mundo de Ali se había venido abajo. Pues claro,
ella, ¿quién si no? Él siempre había estado con ella, y no la iba a cambiar. Ni
si quiera por algo tan especial como lo que le unía a Ali. Porque ella es
mejor, pensaba Ali. Por miedo, era la realidad. Y mientras Guilia jugaba su
papel, tocando todas sus debilidades y desmoronándola.
-¿Por qué sigues aquí? Vete, él ya me tiene a mi.
-Quiero hablar con él.
-Él no quiere hablar contigo.
-¿Y por qué no me lo dice él?
-Porque le das pena… Una pobre niña como tú, ¿de verdad
creías que tenías alguna oportunidad?
-Ali, ¿qué estás haciendo tú aquí?
-Que te jodan, Marco.
Y eso es lo último que Ali es capaz de decir antes de salir
corriendo con los ojos llenos de lágrimas. Marco intenta ir tras ella pero
Guilia le bloquea el paso.
-Déjala, se le pasará.
-¿Qué le has dicho?
-La verdad. Que me quieres y que ella no es nadie.
-Joder, Guilia, no puedes tener la puta boca cerrada.
-¿Es que acaso sientes algo por ella?
Esa es la única cosa que consigue que él retire la vista del
lugar por el que Ali desapareció y centre su vista en ella. Suspira, negando,
mintiendo.
-No, por supuesto que no.
-Entonces déjala. Ella no es importante.
Y le besa.
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