"Nunca sabes quién será el motivo de tu sonrisa."

Cuatro.

Al día siguiente Ali se levanta temprano. Está hiperactiva, tiene que prepararlo todo. Con cuidado de que él no se despierte se levanta y va hasta el baño, vistiéndose de nuevo. Escribe una nota que después deja en la mesa del salón “He salido, tengo una sorpresa para ti. Espérame, eh.” Se va a casa en el coche de él, no le importaría que lo tomara prestado. Al llegar a su casa sube rápido, caminando directamente a la habitación. Apenas le dirige un hola a su madre que está en el salón viendo la tele.
-Eh, señorita, ¿a dónde vas?
-Tengo prisa, mamá.
Mientras ella entra en la habitación y empieza a guardar algunas cosas en una mochila, su madre camina hasta allí y se apoya en la puerta.
-¿Qué está pasando, Ali?
-Nada, mamá, voy a irme a pasar unos días a casa de Alex porque está mal por un chico, ya sabes… Y, bueno, que no te preocupes por nada.
Su madre no se lo cree, pero tampoco quiere insistir. Confía en Ali, y si ella dice que no se preocupe es que no debe preocuparse. Cuando esta ya ha cogido todo lo que necesita camina a la puerta. Pero antes de salir se detiene junto a su madre.
-Gracias, mamá.
Le sonríe, le da un beso en la mejilla y se marcha. Coge el coche de nuevo y vuelve a casa de Marco, haciendo algunas paradas por el camino. Cuando llega allí sube corriendo, él ya estaba despierto. Está impaciente, esperándola junto a la puerta. En cuanto escucha el ascensor abre la puerta.
-Creí que ya no volvías.
-Te prometí que lo haría, y yo cumplo mis promesas.
La sonríe y antes de que le dé tiempo a entrar la abraza. Sin decir nada, simplemente la abraza. A ella se le acelera el pulso. Mierda, eso no puede ser bueno. Se separa tras unos minutos, mirándole.
-Como no te des prisa en hacer la maleta me voy sola.
-¿Maleta? ¿Irte? ¿De qué hablas, Ali?
-Ah, es una sorpresa. Tú haz la maleta.
-¿Y qué se supone que debo llevar?
-Anda, mejor te hago yo la maleta. Tú dúchate y vístete.
Y así lo hacen, cada uno a lo suyo. Ella termina antes y va hasta la cocina, abriendo la nevera y comiendo lo primero que pilla.
-¿Piensas dejarme algo de comida?
-Calla, que tengo hambre.
Y le tira un paño. Ambos ríen. Se miran.
-¿Estás listo?
-Cuando la señorita quiera.
-Pues vámonos, ya estamos tardando.
Bajan al coche, guardan las cosas y Ali se pone al volante. Ella sabe donde van. Él aún trata de descubrirlo.
-¿Dónde vamos?
-¿Qué parte de es una sorpresa no entiendes?
-Es que necesito saber a dónde me llevas, porque esto cuenta como secuestro.
-Eh, pues si no quieres que te secuestre puedes bajarte del coche.
-Estamos en marcha.
-Si esto fuera un secuestro eso no importaría.
Ríen. Se divierten. Es un juego.
-Por aquí se va al zoo. ¿Vamos al zoo?
-Sí, he decidido que te reencuentres con tu familia.
-Mirala que graciosilla se ha vuelto la enana.
Y trata de hacerla cosquillas. El coche se le mueve un poco a los lados. No puede con las cosquillas. Es su punto débil. Siguen riendo sin parar.
-Eh, eh, para. ¿Quieres matarnos?
-Claro, moriremos juntos, en plan tragedia.
-Pues yo soy demasiado joven para morir.
Mientras siguen hablando Marco mira los carteles, la carretera, todo. Intenta buscar algo que le dé una mínima pista de a dónde van.
-¿Vamos al aeropuerto?
-Din, din, din, din. Minipunto para el equipo de los chicos.
-Ali, esto me está empezando a dar miedo. ¿Dónde piensas llevarme?
-A un lugar donde nunca puedan encontrar tu cuerpo.
Tras un rato más llegan al aeropuerto. Aparca el coche y ambos salen, cogiendo sus cosas. Pero Ali no había aparcado en el sitio correcto y estaban en la terminal de llegadas. Tenían que atravesar todo hasta llegar a las salidas. A su camino veían muchos reencuentros, muchas parejas esperándose al otro lado del cristal.
-¿No es precioso?
-¿El qué?
-Eso. El saber que no importa lo lejos que te vayas, porque cuando vuelvas habrá alguien esperándote. Que da igual el tiempo que pases fuera, porque alguien contará los minutos para que regreses.
-Yo siempre te esperaré, ¿vale? Si algún día te vas, te prometo que estaré aquí el día que vuelvas.
Una sonrisa leve, un suspiro débil. Y mientras hablan, llegan a la zona de salidas.
-Tú espera aquí.
Y Ali camina hasta uno de los mostradores. Pide un par de billetes y los paga con una tarjeta de crédito. Se acerca a él para coger su DNI y vuelve, esperando a que le entreguen sus billetes. Billetes de última hora y sin facturar, un chollo. Y una suerte que aún quedaran asientos.
-Vamos, ya los tengo.
-¿Y no me vas a decir a dónde vamos?
-Nunca.
-Pues eso lo arreglo yo.
Y camina para quitarle los billetes. Pero ella se da cuenta y sale corriendo. Él la persigue entre personas incrédulas ante la situación y risas divertidas. Es más rápido, lo sabe. Y la alcanza. La agarra por la cintura y la levanta del suelo, caminando unos pasos.
-¿Dónde ibas?
-¡Suéltame!
-Dame los billetes.
-Nunca.
-Pues aquí te quedas.
Y así da vueltas sobre sí mismo, divertido, como si fueran niños pequeños. Ambos ríen.
-Vale, vale, me rindo.
-Está bien. Te suelto.
Y en cuanto lo hace ella intenta huir pero él es más rápido y le quita los billetes. Los mira. Alza una ceja.
-¿Londres?
Ella sonríe. Le mira. Imita su gesto.
-A Londres, pequeño.
Esa frase que tantas veces había repetido de esa serie que tanto le gustaba.
-¿Y dónde vamos a dormir?
-Cuando lo sepa te lo diré.
Ríe y le quita su billete. Camina hacia el control, hasta que en un momento se da la vuelta.
-¿No vienes?
Él suspira. Niega con la cabeza. Pero con una sonrisa. Esta chica acabará por volverle loco. Y así ambos embarcan y pasan el vuelo. Entre risas, bromas y juegos. Intentando averiguar por qué algunos de los pasajeros irían a Londres. Inventándose sus vidas. Olvidándose de los problemas.

Alex se desespera. ¿Por qué ninguna de sus amigas da señales de vida? Necesita salir, y ninguna responde. Recibe un mensaje de Ali. “Chicas, me voy a Londres con Marco. Cuando vuelva os lo explico todo. ¡Os quiero! A’s  <3” Perfecto, justo ese día Ali había decidido hacer una locura. Pero Ann tampoco responde. Tras varios intentos consigue que le coja el teléfono.
-¿Ann? ¡Por fin! Llevo siglos llamándote. Esta noche salimos, ¿vale?
-Lo siento, pero ya tengo planes. ¿Por qué no sales con Ali?
-¿No has recibido su mensaje? Se ha ido a Londres o algo así.
-Joder. Tía, de verdad que no puedo, no esta noche, lo siento.
Y cuelga el teléfono. Ann muchas veces se obsesionaba demasiado con su relación. Pero aún así la querían. Pero Alex no era de esas que se quedaban paradas. Si no tenía con quién salir, salía sola.

Ali y Marco acaban de aterrizar en Londres y cogen un taxi. Dicen el primer lugar que se les ocurre: al parlamento. Y una vez allí pagan y se bajan. Y, de repente, sin más, Ali echa a correr. Corre por toda la calle, la cruza y sigue corriendo.  Marco, algo desconcertado, la sigue. Hasta que por fin ella para mirando al Támesis. Él para a su lado, con la respiración entrecortada, mirándola.
-¿Por qué has hecho eso?
-¿No te encanta la sensación de libertad?
-Estás loca, me habías asustado.
Ella le mira, sonríe de lado. Vuelve la vista al río.
-Te encanto.
Él ríe y niega, y de repente la tiene colocada al hombro, como si de un saco de patatas se tratase.
-Esta me la vas a pagar.
Y camina con ella al hombro hasta la fuente más cercana.
-Lo siento, Ali. Pero me has traído a Londres en contra de mi voluntad y me has hecho pegarme la carrera de mi vida. Ahora te toca sufrir.
Y la deja en la fuente, empapada. Se ríe y se gira, alejándose caminando. Ella se queda inmóvil unos segundos, eso no se lo esperaba. Pero después corre hasta él y le abraza por detrás, mojándole. Ambos ríen. Después buscan algún sitio para dormir, algo barato. Tan solo dormirían allí una noche. Una habitación con cama de matrimonio, tampoco les importaba demasiado. Tras ducharse y cambiarse salen a hacer turismo, a visitar la ciudad. Se hacen fotos, con los monumentos y sin ellos. Marco cada vez recuerda menos a Guilia.

Empieza a anochecer y Alex se prepara para la fiesta. Se viste para matar y sale a la discoteca de siempre, al menos allí no quedaría tan mal el estar sola. Baila, ríe, tontea y bebe. Como cada noche. Pero una chica en una esquina le llama la atención. También está sola, el problema es que esa chica no se divierte. Así que decide acercarse a ella.
-Hola, ¿por qué no bailas?
-Yo no sé bailar.
-¿Y qué haces en una discoteca entonces?
-Si te digo la verdad, no tengo ni idea.
-Me llamo Alex.
-¿Eso no es nombre de chico?
-Bueno, si prefieres llamarme Alessandra.
-No, Alex está bien. Yo soy Isabella.
-Creo que te pega más Ella.
-Sí, supongo.
Ríen levemente. Hablan. Alex le cuenta por qué está sola, que sus amigas le han dejado plantada. Ella le cuenta que solo está allí acompañando a su hermana pequeña, si no hubiera ido ella no la hubiesen dejado salir. Se hacen amigas, poco a poco, entre risas y anécdotas.


Mientras Ann tiene la perfecta noche romántica. Su casa estaba sola y había invitado a Riccardo. Ven una peli juntos, cenan juntos. Ríen, se besan y juguetean. No suelen tener muchos momentos para estar juntos y los que tienen los aprovechan todo lo que pueden. Acaban haciendo el amor para después quedarse dormidos, abrazados, juntos.

Cuando anochece tanto Ali como Marco están agotados. Tras visitar algunas cosas más y parar a cenar en un restaurante vuelven a la habitación y caen rendidos. Y a pesar de que él insistía en dormir en el suelo si a ella le molestaba acaban durmiendo juntos. Mañana sería un día emocionante, un día en el que pasarían demasiadas cosas. Pero ellos no lo sabían. 

1 comentario:

  1. Vuando vas a sacar el siguiente capitulo, esta super bienn y necesito el siguiientee. Un besooo

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