"Nunca sabes quién será el motivo de tu sonrisa."

Tres.


Y así comenzaron a coger cada vez más confianza. Hablando cada noche, durante horas, como si no existiera mañana. Ella escondida bajo las sábanas. Él en la terraza mientras Giulia dormía. En poco tiempo se habían convertido en los mejores amigos que podía haber. Hasta que un día lo cambió todo.
Aquel día ella no recibió ningún mensaje, ninguna llamada. A pesar de comprobar que el móvil funcionaba y de mirarlo a cada instante Marco no daba señales de vida. Y así pasó otro día, y otro más. Ella le llamaba pero él no respondía. Aquello no era normal, seguro que había pasado algo. Así que el cuarto día, preocupada, al salir de clase le pide prestada la moto a Ale y se dirige a su casa. Al llegar allí toca el timbre, pero nadie le abre. Insiste hasta que por fin él descuelga el telefonillo y con voz adormilada dice:
-¿Sí?
-¿Marc? Soy Ali, déjame entrar, por favor.
Sin una palabra más el sonido de la puerta indica que esta está abierta. Corre al ascensor, pero tarda demasiado así que sube andando, saltando los escalones de dos en dos hasta llegar a su puerta, la cual se encuentra entreabierta. Con cuidado entra dentro. Camina por la casa hasta encontrarle a él tirado en el sofá, con barba de varios días, los mismos que probablemente llevaba sin ducharse. Pero eso a ella le daba igual.
-¿Qué ha pasado, Marc? ¿Por qué estás así?
-Guilia me ha dejado. Dice que ya no es como antes, que discutimos demasiado, que yo estoy distante. Ha cogido sus cosas y se ha ido. No va a volver…
Ali suspira. No sabe cómo ayudarle, no sabe qué hacer.  Decide que lo primero será una buena ducha. Por lo que le coge la mano, con suavidad y una sonrisa en el rostro al tiempo que le habla.
-Vas a darte una ducha, ¿vale? Y después tú y yo vamos a dar una vuelta.
Le arrastra hasta el baño. Como ve que él no colabora le quita la camiseta, un poco torpe porque él es más alto pero finalmente lo consigue.
-Y el resto lo vas a tener que hacer tú solito, o si no te desnudo yo y te ducho yo.
Y tras insistir un rato por fin consigue que se duche y se vista, esperando ella en el sofá. Y después se lo lleva a dar un paseo, nada especial, simplemente distraerle un poco y sacarle algunas sonrisas tristes.
Así todos los días después de clase ella va a su casa y le anima a hacer algo, a salir, a ver películas, a lo que sea con tal de verle un poco mejor. Apenas tiene tiempo para sus amigas, pero ellas tampoco se lo recriminan demasiado porque saben que está preocupada. Pero consiguen un día para las tres. Marc le había dicho que iría a casa de sus padres y que no se preocupara por él, así que Ali había decidido organizar un día de chicas.
-¡Alex, ven ya, se va a enfriar la pizza!
-Estoy haciendo las palomitas, ir poniendo la música.
Por fin estaba todo preparado, las palomitas, la pizza, las bebidas, la música bajita. Y ellas sentadas alrededor de la mesa, esperando a que alguna empiece a hablar, intentando todas escuchar las historias de las demás primero. Pero Alex no puede contenerse, es superior a sus fuerzas, así que comienza a hablar.
-Ayer estaba haciendo la compra y un gilipollas le dio a mi carrito tirando toda la estantería de enfrente. Le empecé a gritar de todo mientras recogía y se agachó a ayudarme. Y cuando le miré, vaya mirada. Me enamoré. Así que acabamos quedando para por la noche y bueno, ya sabéis…
-¡Alex! ¿Pero tú no estabas bien con el de la semana pasada? ¿Cómo se llamaba?
-¿Quién? ¿Roberto? Sí, y estamos bien. Pero yo no soy chica de un solo hombre, lo sabéis, yo lo sé y ellos lo saben.
Unas cuantas risas mientras Alex les cuenta bien la historia, mientras comen, mientras se olvidan de todo para ser simplemente ellas. Después le toca el turno a Ali.
-¿Y cómo lleva Marco lo suyo?
-Pues parece que está mejor, hoy ha ido a casa de sus padres.
-¿Y tú? ¿Cómo estás?
-Algo cansada, me paso las tardes con él y las noches en vela para estudiar. Pero soy su amiga, ¿qué otra cosa podría hacer si no?
-¿¡Su amiga!? Tú estás enamorada, pequeña.
-Pero, ¿qué dices? No te voy a negar que algo que me gusta, pero ya está. No estoy enamorada.
Y así debaten durante otro largo rato si Ali está enamorada o no. Y lo argumentan tan bien que confunden hasta a Ali. Pero, no, ella no está enamorada, está segura de ello.
-Riccardo y yo nos hemos peleado.
-¿Otra vez?
Y Ann les cuenta que le vio hablando con una de las chicas más conocidas y guapas del instituto y se puso celosa. Él no dejaba de insistirla en que solo tenía ojos para ella. Pero nunca se lo creía. Ella era demasiado normal para que no se fijara también en otras. Habían quedado más tarde, seguramente se reconciliarían como es debido, pero esa parte había decidido omitirla. Quizá para hacerse un poco la dura.
Pero una llamada termina la diversión. Al escuchar su teléfono sonar Ali va hasta la cocina para hablar sin molestar a sus amigas. Esta al teléfono poco tiempo, un par de minutos, para después regresar al salón.
-Tengo que irme, chicas. Era la policía. Marco estaba conduciendo borracho, necesita que alguien le lleve a casa y les ha dado mi nombre.  
Las tres suspiran al mismo tiempo, acompañan a Ali hasta la puerta y se despiden, no sin antes hacerla prometer que las llamaría más tarde para contarlas lo que había pasado.
Va a recogerle al lugar que el policía le había indicado y se lo lleva hasta casa. En todo el viaje ninguno de los dos había pronunciado ni una palabra. Pero nada más llegar, antes de bajarse del coche Ali explota.
-Pero, ¿¡qué hacías!? ¿Estás loco? Podrías haberte matado, ¿sabes?
-Lo siento, Ali, no era mi intención… Yo solo quería volver a casa.
Ella le mira. Le ve triste, destrozado. Así que se limita a sonreír muy brevemente y a decir:
-Anda, vamos a subir arriba.
Le acompaña y espera a que este en la cama. Entonces se sienta al borde de esta, a su lado, para despedirse.
-Marc, me voy ya, ¿estarás bien?
Él abre los ojos.
-No, Ali, no te vayas. Quédate aquí a dormir.
No podía dejarle, no podía dejarle solo. Y lo sabía.
-Está bien, prepararé el sofá y dormiré aquí.
-Duerme conmigo.
-¿En la cama?
-Sí.
-¿Estás seguro?
-Sí.
Se va hasta el baño y se cambia, poniéndose una camiseta de él a modo de pijama. Después, con cuidado, se mete en la cama. Entonces él se gira, y la abraza. Ella se deja abrazar, sin decir nada, sin saber qué decir.
-Gracias por cuidar de mi, Ali.
-Anda, duérmete, y mañana ya me lo agradeces.
Él ríe. Por primera vez en mucho tiempo. Ella se da cuenta y sonríe para si. Lo ha conseguido, se ha reído. Poco a poco él se queda dormido, a ella le cuesta mucho más. No deja de pensar, ya sabe cómo hará que se lo agradezca. Y también le ayudará a él a despejarse. Es una gran idea. Y mientras lo planea todo en su cabeza finalmente se duerme en sus brazos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario